No hay ningún estado de hecho, todo es fluido, inaprensible, huidizo, lo más duradero son nuestras opiniones.
Podéis llamarme Spurks, podéis llamarme, o no llamarme. Prefiero que no lo hagáis sinceramente, el caso es que tengo un apartado de correos realmente bonito. Podeis someterme a vuestros insultos, oprobios, improperios, en definitiva, me interesa vuestra mierda. Me atribuyo el ser escritor en ratos libres, en el ascensor, el el váter, en la ducha. Tengo un futuro best-seller entre las manos.
No estamos aquí para hablaros de mi libro, el cual, sin duda, tiene unas recetas maravillosas. Estamos aquí para hablar de mi. Empezaremos desde el principio, como decía mi compañero de aula “con letra y buen pie”.
Lo conocí en primaria, Buby se llamaba, rubio, frente amplia y de mirada distraída. Era característico, olía a serrín y siempre llegaba tarde y de la mano. Conectamos desde el principio, en aquella aula cada uno tenía su especialidad, la mia era cagarme en clase. Él, sin embargo, era más sutil, apuntaba con un ojo a mi y con el otro a la profesora. Siempre fue más astuto el hijo puta, lo consideraba el líder, al menos no competía con los demás a ver quién se le caía más la baba, tenía su podio asegurado.
Siempre nos sentimos vigilados, nos consideraban chavales a los que había que prestar mucha atención. En mi caso, mis padres, me lo hicieron saber de niño con mucho atino, que morriña me da esa frase.
-“eres retrasado”. Sin más, decían. Se lo agradezco. Siempre me dedicaron mucha atención. Tenía todo cuanto quería, hasta imprimieron unas letras con relieve en mi dormitorio. Tenía un casco espacial, a el Increíble Hulk transformado… Nunca entendí a los Action Man, ¿dos piernas y dos brazos? de verdad que monstruo, nunca se pareció mucho a mi, excepto por la cicatriz.
Cuando aprendí a leer comprendí que a mis padres se le había ido la cosa un poco de las manos. “Cuidado con el niño” se leía con la puerta cerrada. Es obvio que las personas que me visitaban, (ninguna a pesar de Buby) no se esperaban a un chaval desnudo lleno de cicatrices con nada más de abrigo que un casco espacial, a escala para mi cabeza, un auténtico lujo. Gracias Papá.
Perdí la virginidad en la parte de atrás de un autobús. Era mi primera vez, solo, sin estar acompañado. Quién se puede resistir a una piruleta y un collar de pastillas, eran otros tiempos la verdad. Aquel hombre era muy visto en la escuela, y muy servicial por cierto. Desde aquella a Buby y a mi siempre nos regalaba unos extraños caramelos que nos adormecían y nos tendía una mano para sacudírnosla en el baño. No os he hablado de eso, A Buby y a mi nos gustaba mucho agitar el palitroque, lo hacíamos siempre en cualquier esquina, el me enseñó, no le llegaba con hacerlo debajo de la mesa. Era muy gracioso, un ojo lo tendía en la profe y el otro se volvía loco contra sus propias paredes, yo lo miraba.
te veo y pienso- guapaguapaguapacuando mis labios a tiempo articulan- hola
(vía caminodelaincertidumbre)